Paulo Freire

​La propuesta teórica de Paulo Freire constituye un referente fundamental para la educación popular, la investigación-acción participativa y la redefinición de los procesos de enseñanza y aprendizaje desde una perspectiva ética, política y situada. A partir de las aportaciones recogidas en los textos Autores del campo del currículum. Perspectivas y aportaciones (coordinado por Jesús Enrique Pinto Sosa, 2025), La teoría del conocimiento de Paulo Freire: Apuntes para su comprensión de Alejandro Villalobos Clavería y La acción liberadora de la educación en la pedagogía de Paulo Freire de Fernando Guzmán Toro (2017), el presente trabajo analiza cómo concibe Freire el conocimiento y cuáles son los principios que rigen su proceso de adquisición.


I. Concepción del conocimiento en el pensamiento freiriano


Freire rechaza de forma explícita y contundente la llamada "educación bancaria", modelo que entiende el conocimiento como un depósito estático, una mercancía o un objeto terminado que quienes "saben" transfieren a quienes supuestamente no saben. Frente a esta visión, construye una concepción alternativa que se articula en cuatro ejes centrales:


1. El conocimiento como proceso dinámico y social


El saber no es algo acabado ni universal, sino una construcción permanente que surge de la interacción entre las personas y su realidad. Al igual que el ser humano, el conocimiento es inacabado: se cuestiona, se transforma y se recrea continuamente, sin que existan verdades absolutas o dogmas inamovibles. Todo saber surge en un contexto histórico, cultural y geográfico determinado, por lo que no existe conocimiento neutro ni desvinculado de la visión del mundo, la experiencia y las condiciones de vida de quienes lo producen.


2. El conocimiento como praxis


Para Freire, conocer no se reduce ni al pensamiento aislado ni a la acción sin reflexión: es praxis, la unión indisoluble de reflexión y acción sobre el mundo para comprenderlo y transformarlo. No hay saber verdadero que no esté ligado a la experiencia concreta y a la práctica; por el contrario, la teoría se construye desde la acción y se enriquece al volver a ella. Esta idea rompe con la separación tradicional entre quienes producen conocimientos y quienes los aplican, al considerar que enseñar e investigar son procesos inseparables: quien enseña indaga, aprende y se forma al mismo tiempo que sus educandos.


3. El conocimiento como construcción dialógica y relacional


El saber no se genera de forma aislada, sino en la relación entre personas. La máxima freiriana sintetiza este principio: "nadie educa a nadie, y nadie se educa solo; las personas se educan entre sí mediatizadas por el mundo". El diálogo no es una estrategia metodológica, sino el eje epistemológico y ético fundamental de la construcción del conocimiento: implica escucha mutua, respeto por la diversidad de saberes y reconocimiento de que todas las personas poseen conocimientos válidos, construidos desde su experiencia y su cultura.


4. El conocimiento como acto ético y político


Conocer no es un acto neutral: tiene un sentido ético y un compromiso político, ya que permite comprender críticamente la realidad, cuestionar las relaciones de poder y trabajar por la justicia social y la emancipación de las personas y comunidades. Freire resume esta idea en el principio de que "leer la palabra implica leer el mundo": no basta con decodificar textos o contenidos, sino que es necesario comprender su contexto social, las condiciones de vida que representan y las formas en que pueden contribuir a transformar la realidad.


II. El proceso de adquisición del conocimiento


A partir de esta concepción, Freire define un proceso de construcción del saber que no es rígido ni universal, sino que se adapta a cada realidad y se sustenta en principios definidos:


1. Partir de la realidad y los saberes previos


El aprendizaje no comienza por contenidos ajenos o impuestos desde fuera, sino por la experiencia de vida, la lengua, la cultura, los saberes comunitarios y los problemas concretos que viven las personas y sus comunidades. Este punto de partida permite conectar los nuevos saberes con lo que ya se conoce, evitando la desconexión entre lo que se aprende en los espacios educativos y la vida cotidiana.


2. La centralidad del diálogo horizontal


La adquisición del conocimiento se da en el intercambio respetuoso y horizontal, donde no hay jerarquías absolutas entre docentes y estudiantes: quien enseña también aprende al enseñar, y quien aprende también enseña al compartir su experiencia. Este diálogo permite que los saberes se contrasten, se enriquezcan y se construyan de forma colectiva.


3. La problematización como motor del aprendizaje


Frente a la recepción pasiva de información, el conocimiento se construye al plantear preguntas sobre lo que se vive: ¿por qué las cosas son así? ¿qué sentido tienen? ¿cómo podemos transformarlas? Este proceso, llamado problematización, lleva a la concientización: la comprensión crítica de la realidad y el compromiso de actuar sobre ella. En el método propuesto por Freire, esto se desarrolla en tres etapas:


• Investigación: conocer la vida, el vocabulario y los saberes de la comunidad para identificar temas generadores.


• Tematización: analizar esos temas y relacionarlos con estructuras sociales más amplias.


• Problematización: volver a la realidad concreta para identificar limitaciones y diseñar acciones transformadoras.


4. La verificación y profundización en la práctica


Lo que se aprende se prueba, se ajusta y se enriquece al ponerlo en acción y reflexionar sobre los resultados. La sistematización de la experiencia —describir, analizar y teorizar sobre lo vivido— permite devolver las prácticas mejoradas a la realidad, cerrando el ciclo entre teoría y práctica.


5. La curiosidad y la esperanza como motores


Todo el proceso de adquisición del conocimiento está impulsado por la curiosidad, entendida como el deseo natural de buscar, indagar y saber más, y por la esperanza de que la realidad puede transformarse para ser más justa y digna.


La propuesta de Paulo Freire redefine completamente el sentido del conocimiento y su aprendizaje: lejos de ser un bien que se transfiere o un contenido que se memoriza, se presenta como un proceso colectivo, situado, crítico y transformador. Sus principios resultan especialmente pertinentes al reconocer la validez de los saberes comunitarios, la diversidad cultural y la necesidad de construir propuestas educativas que surjan de la realidad de las personas y no se impongan desde fuera. Esta forma de concebir y adquirir el conocimiento es la base de la educación popular y de la investigación-acción participativa, y sigue siendo un referente fundamental para construir prácticas educativas más justas, inclusivas y emancipadoras.


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